“Celia Cruz tuvo una gran cercanía con Venezuela, una gran amistad, un amor muy grande. Ella amaba Venezuela. Hoy nosotros vamos a retribuir ese amor con este concierto”, aseguró el director musical Pedrito López antes de comenzar “Azúcar por siempre”, homenaje sinfónico a La guarachera de Cuba, en el que Trina Medina, Betsayda Machado y Gioconda Cabrera entonaron -y encarnaron- los temas más populares de una de las cantantes más influyentes del siglo XX.
La cita, organizada por Amigos Sinfónicos, comenzó a las 3:30 p.m., del 18 de abril, con un conversatorio en la Sala de Conciertos, en el que José Bernardo Di Giorgio, locutor; Diana Hernández, investigadora de ritmos afrocubanos; y Marcos Carrillo, músico y director de orquestas, hablaron sobre la trayectoria de Cruz, su relación con Venezuela, la historia de algunas de las piezas más importantes de su repertorio y de la salsa como estilo musical.
“Celia Cruz nació antes de que existiera la salsa. Tiene un peso histórico que uno no se imagina la magnitud, al punto que la van a postular para miembro del Hall de la Fama del Rock and Roll”, indicó Di Giorgio, al inicio de la charla.
El Salón de la Fama del Rock & Roll, fundado en 1983 y con sede en Cleveland (EEUU), es una institución dedicada a reconocer a los artistas, productores y figuras influyentes que han dejado una huella significativa en la historia del rock y géneros relacionados. Desde su creación, ha celebrado a músicos y bandas que han contribuido de manera notable al desarrollo y popularidad de este género musical. The Beatles, The Rolling Stones, Elvis Presley, Queen, Santana y Ritchie Valens son algunos de los artistas que forman parte de este grupo.
Celia Cruz (Cuba, 1925 - EEUU, 2003) es una de las artistas latinas más populares e importantes del siglo XX. Comenzó su carrera en La Habana, alcanzando reconocimiento como vocalista del popular conjunto la Sonora Matancera. En 1960, después del triunfo de la Revolución cubana, abandonó su país natal y se instaló en Estados Unidos, donde se convirtió en una de las máximas exponentes de la salsa, así como la artista más influyente de la música de su país. Grabó más de 70 álbumes y recibió innumerables reconocimientos; entre ellos: la Medalla Nacional de las Artes de Estados Unidos, en 1994.
Por su parte, Carrillo destacó la versatilidad de la cantante: “Tenía la particularidad de que cantaba boleros absolutamente espectacular, cantaba guaracha y salsa brava. Se paseó por todos los géneros. Tenía una voz que sabía adaptarse y que también pasaba por las diferentes emociones”.
De izquierda a derecha: José Bernardo Di Giorgio, Diana Hernández y Marcos Carrillo
Mientras que Hernández destacó los temas que abordó la cantante desde su música. “A través de sus letras jocosas -y un tanto lúdicas- habló del guayabo, del desamor, del dolor de la existencia y de la añoranza, producto de la diáspora y de la migración”.
A lo largo de su carrera, La reina de la salsa interpretó y popularizó internacionalmente ritmos tropicales como el son cubano, son montuno, guaguancó, la rumba, la guaracha y el bolero. Sin embargo, le llevó al estrellato el género conocido como salsa, que es una mezcla de son cubano y otros estilos musicales. "¡Azúcar!" fue su consigna, una invitación a la alegría y un recordatorio de sus raíces caribeñas, palabra que no faltaba en ninguna de sus interpretaciones.
Alfredo Naranjo fue uno de los músicos invitados
“Azúcar por siempre”, el concierto
A las 5:00 p.m., el público se trasladó al Aula Magna. Minutos más tarde, subió al escenario la Orquesta Sinfónica Venezuela; el director encargado de la gala, Pedrito López; y el músico Alfredo Naranjo (“A través del tiempo”), quien inició el recital con “El rey del timbal”, tema de Tito Puente (EEUU, 1923 – 2000), amigo y colaborador de la homenajeada.
“Hoy la tarde-noche es para Celia, pero también vamos a recordar algunos personajes que estuvieron cerca de ella, y unos de ellos fue Tito Puente”, aclaró López, antes de llamar a escena a Betsayda Machado.
Con “Yerbero Moderno” comenzó la participación de la vocera de La Parranda El Clavo. También entonó “Burundanga”, “Que le den candela” y “Ríe, llora”, pieza en la que apeló -discretamente- al grito de “¡Azúcar!”.
Betsayda Machado y Pedrito López
“La vida es un carnaval”, tema del compositor argentino Víctor Daniel, inspirado en la resiliencia humana -y uno que no falta en las fiestas venezolanas- fue el primer tema que puso a bailar al público en el Aula Magna.
Venezuela fue la "segunda casa" de Celia Cruz y fue el escenario de algunos de sus conciertos más multitudinarios. En Caracas hizo su primera grabación, en 1948, y tuvo su primera estrella, ubicada en el Bulevar Amador Bendayán. Estuvo en El Show de Renny e infinidad de veces en Sábado Sensacional. También fue devota de José Gregorio Hernández, el primer santo venezolano; resaltó Di Giorgio.
“Tu voz”, “Dile que por mi no tema”, “Te esperaré”, “Quimbara” y “Usted abusó” fueron interpretados por Gioconda Cabrera ("La Pasión según San Marcos”), quien invitó al público a cantar y puso a varios a bailar en pareja, al pie del escenario.
Gioconda Cabrera
Pasadas 6:30 p.m., se acercó al micrófono principal Alex Barrios, músico de OSV, a interpretar “Oh, ¿qué será?, tema con el que se le rindió homenaje a Willie Colón, fallecido el pasado febrero; y uno de los artistas con los que trabajó Cruz: con quien hizo una de las alianzas “más audaces y exitosas” de la salsa.
En 1977, bajo el sello Fania, salió "Only They Could Have Made This Album" (“Sólo ellos podría hacer éste disco”), el primer trabajo Cruz-Colón, considerado una de las cumbres creativas de la salsa. Representó el encuentro definitivo entre la tradición cubana de la guarachera y la vanguardia urbana y experimental de Colón. Una muestra de que la salsa había madurado y se había convertido en un “arte de alta factura internacional”.
El último bloque del concierto estuvo a cargo de Trina Medina (“Entrega”), quien interpretó “Cúcala”, “Te busco”, “La negra tiene tumbao”, “Yo viviré”, y “Bemba colorá”; con los tres últimos hizo que los asistentes al concierto no volvieran a tocar sus asientos y exclamó -varias veces- el “azúcar” de Celia, con la misma fuerza e intensidad que lo hiciera la cubana.

Trina Medina
“Estoy feliz de estar, nuevamente, bajo estas ‘Nubes’ preciosas. Trabajé por 40 años en esta universidad”, recordó Medina; también saludó al rector Víctor Rago -presente en la gala- y al equipo actual de la Dirección de Cultura.
El cierre fue con “Guantanamera” y “Lágrimas negras”, entonadas por las tres artistas, acompañadas por el público variopinto que asistió al recital.
“Azúcar por Siempre” fue un homenaje sinfónico “sin precedentes” a la legendaria Reina de la salsa; también el inicio del cronograma de eventos 2026 de música popular en el Aula Magna.
Fotos: Juan Guillermo Briceño